DUENDE
Un día me dijeron que en el fondo de mi casa vive un enano, junto al árbol embrujado, a un paso del cementerio de animales. Cuando éramos chicos y era de noche, se escondía, si escuchaba nuestros pasos alrededor del agua. Durante el día, se iba, para que no lo coman los perros. No se ni cómo salía, ni a dónde. En todo el perímetro había bestias feroces. Quizás era tan bajito que pasaba desapercibido. Ahora no sé qué hace. Debe andar por ahí, bastante escondido, esperando el día en que pueda jubilarse de petizo. En realidad, nadie me dijo que era enano. Salvo papá, que un día logró verlo a los pies de su cama. Le gritó “¡¿quién anda ahí?!”… creo que logró asustarlo bastante… quizás no tanto como a mamá, que todavía no se recupera. Esa es otra historia… nada pudo comprobarse. No se qué querrá de nosotros, ni con nosotros… no es un lindo lugar para vivir. Y estoy convencida de que sigue ahí atrás.