EL PERRITO “MÁS MENOS” DEL MUNDO
Me contaron que un vez hubo un perrito que sufría de “chiquititismo”. Era cada vez “menor”.
Su primer dueño era medio ciego. Lo regaló a la semana de levantarlo de la vereda. No le servía para nada. Publicó en diario “Regalo perro. Se requiere ayuda para encontrarlo. Está en mi cocina. No se dónde. Maldita porquería. Pero es hermoso… creo”.
Su segundo dueño era una señora que vivía en una casita en el campo, con un burro y un conejo. Su marido había muerto hacía bastante, atropellado por ella, mientras patinaban en Alaska (claro… no sabían ni patinar, ni que los patines no son para nieve). Dicho caninito, duró con ella 2 años. Iba decreciendo cada vez más. Hasta que un día, se cayó en la ensalada del conejo, y éste se lo comió. Cuando vio la luz nuevamente, se mezcló en el correo de la señora, para irse lejos. Claro, no sabía que iba a ir a parar a Alaska.
Su tercer dueño, lo encontró adentro del sobre. Lo puso en la mesita de luz… en el cajón de las medias. Llamó a todos lados… diario, televisión, vecinas chusmas… Cuando lo buscó para alimentarlo, no lo encontraba. Mientras revolvía todo desesperado, lo mató contra su hombro, creyendo que era un mosquito.
Su primer dueño era medio ciego. Lo regaló a la semana de levantarlo de la vereda. No le servía para nada. Publicó en diario “Regalo perro. Se requiere ayuda para encontrarlo. Está en mi cocina. No se dónde. Maldita porquería. Pero es hermoso… creo”.
Su segundo dueño era una señora que vivía en una casita en el campo, con un burro y un conejo. Su marido había muerto hacía bastante, atropellado por ella, mientras patinaban en Alaska (claro… no sabían ni patinar, ni que los patines no son para nieve). Dicho caninito, duró con ella 2 años. Iba decreciendo cada vez más. Hasta que un día, se cayó en la ensalada del conejo, y éste se lo comió. Cuando vio la luz nuevamente, se mezcló en el correo de la señora, para irse lejos. Claro, no sabía que iba a ir a parar a Alaska.
Su tercer dueño, lo encontró adentro del sobre. Lo puso en la mesita de luz… en el cajón de las medias. Llamó a todos lados… diario, televisión, vecinas chusmas… Cuando lo buscó para alimentarlo, no lo encontraba. Mientras revolvía todo desesperado, lo mató contra su hombro, creyendo que era un mosquito.