UNA JOVEN VIAJA PENSANTE
Una joven viaja pensante… o sea que su viaje vale por dos. Mira a la gente que la rodea en el colectivo, pero sigue en su paseo que se la lleva a donde sólo ella sabe. Va y viene en su silencio, con su mirada destellante que se pierde a través de la ventanilla. O algo así.
A su lado, visualiza a una mujer. Más bien, al ramo de flores que abraza la misma (o “a” la misma, debido al tamaño de aquel y al enamoramiento de aquella). Y dicha joven piensa: “¿quién se lo habrá regalado? ¿Cuándo me van a dar uno así a mí? ¿Me regalarán uno así algún día? ¿Para qué? En mi casa hay muchas flores…yo debería regalar, más bien. Igual, nunca tengo a nadie para regalarle ni eso, ni nada… si no fuera porque NO soy pesimista, podría llegar a pensar que nunca, NUNCA…no, mejor no lo pienso (a ver si todavía me lo creo), no soy pesimista”. Y sigue su paseo que se torna bastante aburrido y agotador. La mujer se baja por ahí, y la muchacha se resigna (una vez más en la vida) simplemente a quedarse con la intriga. “Ya me bajo” (piensa antes de tiempo) y busca la llave en su bolso, para que después no se le compliquen las cosas (así es como resuelve día a día el problema de tener que sacar la llave con poco tiempo, en el movimiento del micro, o en la puerta de su casa…siempre es molesto descolgarse la mochila para encontrar una cosa que podría haberse buscado antes). Luego, se cuelga su bolso, se levanta y se baja del micro, pensando toda clase de cosas. Camina unos pasos rápidos (para no perder la costumbre), llega a la puerta de su casa, que abre enseguida (con la ya buscada llave) y entra con ganas de cenar y dormir. Aunque, mientras tanto, sigue en aquel otro lugar (sí, ese del que sólo ella sabe). Por lo tanto, cuando se recuesta en su almohada, va soñando antes de tiempo. Pero se busca recuerdos agradables y ese tipo de cosas que la ilusionan. Y, por un momento, no distingue qué es real y qué no. Ese es el instante en que se duerme, de a poco, pero por completo.
A su lado, visualiza a una mujer. Más bien, al ramo de flores que abraza la misma (o “a” la misma, debido al tamaño de aquel y al enamoramiento de aquella). Y dicha joven piensa: “¿quién se lo habrá regalado? ¿Cuándo me van a dar uno así a mí? ¿Me regalarán uno así algún día? ¿Para qué? En mi casa hay muchas flores…yo debería regalar, más bien. Igual, nunca tengo a nadie para regalarle ni eso, ni nada… si no fuera porque NO soy pesimista, podría llegar a pensar que nunca, NUNCA…no, mejor no lo pienso (a ver si todavía me lo creo), no soy pesimista”. Y sigue su paseo que se torna bastante aburrido y agotador. La mujer se baja por ahí, y la muchacha se resigna (una vez más en la vida) simplemente a quedarse con la intriga. “Ya me bajo” (piensa antes de tiempo) y busca la llave en su bolso, para que después no se le compliquen las cosas (así es como resuelve día a día el problema de tener que sacar la llave con poco tiempo, en el movimiento del micro, o en la puerta de su casa…siempre es molesto descolgarse la mochila para encontrar una cosa que podría haberse buscado antes). Luego, se cuelga su bolso, se levanta y se baja del micro, pensando toda clase de cosas. Camina unos pasos rápidos (para no perder la costumbre), llega a la puerta de su casa, que abre enseguida (con la ya buscada llave) y entra con ganas de cenar y dormir. Aunque, mientras tanto, sigue en aquel otro lugar (sí, ese del que sólo ella sabe). Por lo tanto, cuando se recuesta en su almohada, va soñando antes de tiempo. Pero se busca recuerdos agradables y ese tipo de cosas que la ilusionan. Y, por un momento, no distingue qué es real y qué no. Ese es el instante en que se duerme, de a poco, pero por completo.